La promesa más importante

La promesa más importante: Jesús no nos dejó solos

Hay promesas de Dios que recordamos cuando necesitamos esperanza: promesas de provisión, dirección, paz, restauración y consuelo. Pero antes de ir a la cruz, Jesús hizo una promesa que cambiaría para siempre la manera en la que sus discípulos vivirían su relación con Dios.

No les prometió que nunca tendrían problemas, que entenderían todo lo que estaba por venir o que siempre sentirían que Él estaba cerca. Les prometió una Persona.

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”
— Juan 14:16

No estarán solos

Durante años los discípulos habían caminado con Jesús. Lo habían escuchado enseñar, habían presenciado milagros y podían llevar sus preguntas directamente a Él. Pero Jesús sabía algo que ellos todavía no alcanzaban a comprender: muy pronto ya no estaría físicamente a su lado.

En medio de esa conversación les hizo una promesa: no quedarían solos. Vendría el Consolador, el Espíritu Santo. Él les enseñaría, les recordaría las palabras de Jesús, los guiaría a la verdad y continuaría haciendo la obra de Dios en ellos.

Tal vez por eso esta sea realmente la promesa más importante. Porque Jesús no solamente prometió hacer cosas por nosotros. Prometió estar con nosotros.

De conocer a Jesús a vivir lo que Él enseñó

Durante la serie anterior recorrimos algunas de las declaraciones más poderosas de Jesús. Descubrimos que Él es el Pan de Vida, la Luz del Mundo, el Buen Pastor, el Camino, la Resurrección y la Vida, y la Vid verdadera.

Cada una de esas verdades nos permitió conocer mejor quién es Jesús. Pero ahora surge una nueva pregunta: ¿cómo pasan esas verdades de nuestra cabeza a nuestra vida?

Podemos saber que Jesús es nuestra paz y seguir siendo gobernados por el temor. Podemos reconocerlo como nuestro Pastor y continuar intentando controlar cada detalle. Podemos conocer mucha Biblia, escuchar enseñanzas y comprender conceptos acerca de Dios sin permitirle transformar profundamente nuestra manera de vivir.

Allí empezamos a entender por qué Jesús habló tanto acerca del Espíritu Santo. Conocer quién es Jesús es fundamental, pero aprender a vivir bajo la dirección del Espíritu Santo permite que esa verdad empiece a transformar nuestra vida.

El Espíritu Santo no es una idea

Para algunas personas, hablar del Espíritu Santo puede sonar misterioso. Para otras, puede estar asociado únicamente a emociones, experiencias extraordinarias o momentos especiales dentro de una reunión.

Sin embargo, Jesús habló de Él de una manera profundamente cercana. Lo llamó Consolador. Dijo que estaría con nosotros, que enseñaría, recordaría sus palabras y nos guiaría a toda verdad.

El Espíritu Santo no es una energía, una sensación ni simplemente un concepto teológico. Es Dios presente y obrando en nosotros.

Y quizá una de las preguntas más importantes al comenzar esta serie sea esta: ¿qué cambiaría en nuestra vida si realmente aprendiéramos a reconocer su presencia y a vivir bajo su dirección?

Una transformación que puede verse

Una vida llena del Espíritu Santo no solamente se reconoce por lo que una persona dice acerca de Dios. Se empieza a reconocer por la persona en la que se está convirtiendo.

La Biblia llama a esto el fruto del Espíritu. Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio comienzan a aparecer como evidencia de una obra que Dios está haciendo desde adentro.

No se trata simplemente de esforzarnos por ser mejores personas. Se trata de permitirle a Dios transformar nuestro carácter, nuestras reacciones, nuestras decisiones y la manera en la que nos relacionamos con los demás.

El fruto del Espíritu no demuestra lo capaces que somos. Revela lo que Dios puede producir en una vida rendida a Él.

Tal vez hemos estado mirando solo la promesa que queremos recibir

Muchas veces nuestra relación con Dios se concentra en aquello que esperamos de Él. Pedimos una respuesta, una puerta abierta, una solución, una restauración o un cambio de circunstancias.

Y Dios conoce cada una de esas necesidades.

Pero quizá, mientras esperamos algo de sus manos, podemos pasar por alto el regalo de su presencia.

Tal vez nuestra necesidad más grande no sea que Dios cambie inmediatamente todo lo que ocurre alrededor, sino permitir que transforme aquello que está ocurriendo dentro de nosotros.

Jesús nunca prometió una vida sin dificultades. Pero sí prometió que no tendríamos que vivirla solos.

Comienza una nueva serie

La promesa más importante es una invitación a conocer más profundamente al Espíritu Santo. A comprender quién es, cómo obra, cómo guía, cómo nos recuerda las palabras de Jesús y cómo transforma nuestra manera de vivir.

No queremos solamente aprender acerca de Él. Queremos aprender a reconocer su presencia en la familia, en nuestras relaciones, en las decisiones, en los momentos de incertidumbre, en nuestras luchas internas y en la vida cotidiana.

Quizá llevas muchos años conociendo a Jesús. Quizá apenas estás empezando a acercarte a Dios. O quizá existen áreas de tu vida en las que sabes que tus propias fuerzas ya no son suficientes.

Esta nueva serie es una invitación a dejar de intentar vivir la vida cristiana únicamente desde nuestras capacidades y abrir nuevamente el corazón a la Persona que Jesús prometió que estaría con nosotros para siempre.

La promesa ya fue hecha.

Ahora queremos aprender a vivirla.

Bienvenidos a La promesa más importante.


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